Distribuir poder para conservarlo
Finalmente se ha iniciado un nuevo año electoral. La coalición Cambiemos
se enfrenta a lo que será un desafío diferente, vital, para la continuidad del
proyecto político que encabeza el PRO en la figura del presidente Mauricio
Macri y nada menos que en su segunda experiencia electoral como frente.
Por lo tanto el
desafío para Cambiemos será ampliar el caudal de votos que cosechó en las
últimas elecciones. Además, si se tiene en cuenta que el oficialismo no cuenta
con una mayoría propia en ninguna de las dos Cámaras del Congreso Nacional, y
que gobierna solo en cuatro provincias – Vidal (Buenos Aires), Morales (Jujuy),
Cornejo (Mendoza) y Larreta (C.A.B.A.) - tal desafío se convierte en necesidad.
Sin embargo, paradójicamente en la Ciudad de Buenos Aires,
bastión PRO por excelencia, aparecen algunas grietas que podrían ensancharse a
partir de este año. Nacido en territorio porteño, el PRO logra el primer puesto
en la elección a Jefe de Gobierno de 2003, pero es derrotado en segunda vuelta
por Ibarra. Ya en 2005 obtendría el primer lugar y desde entonces ganaría
-salvo casos puntuales- la mayor parte de las elecciones, un camino que llevará
a su líder hasta la Casa Rosada.
Sin embargo, pisando las elecciones de 2013, el nacimiento del Frente Amplio UNEN hizo sonar algunas alarmas. Aquella gran coalición electoral nucleaba a la UCR, el Frente Amplio Progresista, la Coalición Cívica, Proyecto Sur y Podes. Cosechando resultados por demás auspiciosos se ubicó detrás del PRO en todas las categorías, con una diferencia de once puntos en Senadores Nacionales, nueve en Legisladores de la Ciudad, y a tan solo dos puntos en Diputados Nacionales. No obstante, a pesar de los buenos augurios, el FA-UNEN se disuelve al poco tiempo por un motivo que pareciera sonar conocido: unirse (o no) en una alianza con el PRO a nivel nacional. Elisa Carrió, entonces líder del espacio, manifestó que abandonaba UNEN a nivel nacional, aunque continuaría apostando al armado en la Ciudad de Buenos Aires.
Tras el colapso de UNEN, la figura de Martín Lousteau es quien emerge como el nuevo candidato del aparato radical en la Ciudad para las elecciones de 2015, esta vez bajo una nueva etiqueta: ECO (Energía Ciudadana Organizada). A las pocas semanas la creación de Cambiemos no hizo que la UCR porteña aplacara su deseo de arrebatarle la Jefatura de Gobierno al PRO.
Ya en período electoral y beneficiado por el desdoblamiento en el calendario electoral, Lousteau y el radicalismo trataron de localizar la campaña. El economista intentaba aclarar un tibio apoyo a Cambiemos para las presidenciales, aunque eludía sus opiniones y se limitaba a presentar su aspiración a ser Jefe de Gobierno. Sin ser pujante en sus críticas a la gestión de Macri, señalaba las deficiencias del PRO. El aumento en la mortalidad infantil, el abandono a la educación pública en detrimento de la privada y el cuestionamiento al sistema de Boleta Única Electrónica, fueron algunos de sus blancos predilectos, aunque siempre la crítica iba acompañada de una caricia sobre otros elementos que rescataba positivos en la gestión (bicisenda, Metrobus, espacio público).
Finalmente, aunque con sobresaltos, la contienda se resolvería a favor de Larreta imponiéndose con 51,64% de los votos por sobre los 48,36% que obtendría Lousteau.
Finalmente, aunque con sobresaltos, la contienda se resolvería a favor de Larreta imponiéndose con 51,64% de los votos por sobre los 48,36% que obtendría Lousteau.
A un año y medio de tal disputa, las cartas deben barajarse de nuevo, aunque todavía no se define con qué mazo jugará cada uno.
Entretanto, el escenario mantiene a un Martín Lousteau que reclama la formación de Cambiemos en la Ciudad de Buenos Aires y al PRO negándole esa posibilidad. En limpio, lo que quiere el tándem Lousteau-UCR es que ECO compita con el PRO en una interna para definir los candidatos que encabezarán las listas, de tal modo que si llegase a triunfar se quedaría con la conducción de la coalición. Un Macri con rulos. Desde el PRO le responden que si quiere competir debe ser como parte del PRO, sino que compita por fuera. He aquí la disputa.
En este sentido, el radicalismo porteño no parece seguir la misma actitud que sus correligionarios del Comité Nacional, es decir, subsumirse a las directivas que el PRO tiene para ellos. El radicalismo se ve fuerte y quiere recuperar el caudal de votos que lo mantuvo como el principal partido de la Capital durante casi cien años.
Ahora bien, si miramos la composición actual en la Legislatura porteña, vemos una clara hegemonía de los amarillos con veintiocho bancas sobre un total de sesenta. En segundo lugar lo sigue el peronismo (FPV, Sindical Peronista, Bloque Peronista y CNM) nucleados en el interbloque FPV con trece bancas, mientras que el interbloque ECO (SUMA+, CC-ARI, PS, PSA) cuenta con once asientos. Además aparecen las tres bancas que posee Confianza Pública, el partido de Graciela Ocaña, que si bien compitió en las PASO dentro de ECO hoy permanece fuera del interbloque, mientras que el PRO negocia su incorporación con el propósito de restarle fuerzas a su adversario.
Es posible que el desgaste de la gestión en C.A.B.A. y los magros resultados del Gobierno Nacional provoquen un cierto descontento en las urnas. La emergencia de ECO como una alternativa viable, con desarrollo territorial y con penetración en espacios de la sociedad civil (sobre todo con el control radical en el ámbito universitario) son herramientas contundentes a la hora de competir. Por otra parte, si bien la plataforma de Lousteau no confronta directamente con la política del PRO, sostiene algunas críticas en lo referente a la esfera pública (escuelas, hospitales, espacio público) que podrían llamar la atención de las clases medias y bajas, en un distrito siempre adverso para el peronismo.
En síntesis, en términos estrictamente institucionales, la Legislatura no sufrirá grandes cambios en cuanto a los resultados de las elecciones. El PRO pone en juego doce bancas, pero aunque se especule con una merma de votos oscilando entre cinco y diez por ciento de lo obtenido en 2013, perdería solamente uno o dos escaños en el recinto.
Y aunque ECO podría incrementar su actual composición - pone en juego seis bancas y podría ganar hasta ocho o nueve- la primera minoría seguiría siendo mayoritariamente del PRO. Sin embargo más allá de la cosecha de escaños, la novedad podría residir más en la dinámica política entre oficialismo-oposición que se lleve adelante dentro de la Cámara. En una mirada a corto plazo, el PRO arriesga más de lo que gana si cede ante Lousteau para conformar Cambiemos, sobre todo por el importante rol que juega la UCR en la Ciudad.
A pesar de ello, la negativa también podría afectar su consolidación, siendo que explicitar el rompimiento de la coalición afecta también la dinámica de Cambiemos en el plano horizontal (otros distritos) y vertical (Gobierno Nacional). Al respecto, pareciera que la estrategia del PRO es debilitar a la UCR-ECO, incorporando algunas piezas en el terreno local – tal sería el caso de Carrió y Ocaña – pero no el combo completo que pueda disputarle el dominio.
A pesar de ello, la negativa también podría afectar su consolidación, siendo que explicitar el rompimiento de la coalición afecta también la dinámica de Cambiemos en el plano horizontal (otros distritos) y vertical (Gobierno Nacional). Al respecto, pareciera que la estrategia del PRO es debilitar a la UCR-ECO, incorporando algunas piezas en el terreno local – tal sería el caso de Carrió y Ocaña – pero no el combo completo que pueda disputarle el dominio.
A esto se le sumaría los escaños y la fuerza nada desdeñable que continúa teniendo el FPV y el peronismo en general que, más allá de acordar algunas leyes, sostiene una férrea oposición a los proyectos del oficialismo.
Lo que está claro es que en caso de que ECO termine consolidándose en los comicios y luego en la arena parlamentaria, su expectativa de poder aumentará en igual proporción, con lo cual deberá despegarse cada vez más de un gobierno que en 2019 tendrá nada menos que doce años en su haber, con todo lo que eso significa.
Al fin y al cabo a todos les llega el cambio.
Al fin y al cabo a todos les llega el cambio.


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