Demagogia punitiva
Para oficialistas y opositores las elecciones de este año son determinantes, tanto en términos políticos como institucionales. La retórica dirigida hacia la “pesada herencia” agota a un electorado que desea ver resultados concretos. En el plano económico, quizás el más gravitante, el gobierno sólo puede ofrecer promesas futuras después de un penoso 2016 en el que aumentaron los niveles de desempleo, inflación y caída del producto.
Por lo tanto, a falta de soluciones para algunos problemas, encontrar problemas para aplicar soluciones puede ser una salida redituable. Esta parece ser la estrategia de Macri y en torno a la misma gira el decreto 70/2017 emitido el último lunes. En este contexto se recurre a un tema clásico por parte de la derecha: señalar una relación intrínseca entre inmigración y delito.
Para abordar tal medida recurrimos al análisis realizado por Sol
Amaya en esta nota publicada en La Nación y al del CELS que aparece aquí.
Intentaremos no ser repetitivos ni pecar de plagio respecto a los datos allí
vertidos, por eso recomendamos entrar a los links señalados. En sendos
artículos aparece la misma evidencia, a saber:
Según el último censo de 2010, en Argentina viven un total de 1.805.957 millones de inmigrantes, es decir, el 4,6% de la población. En términos porcentuales no parece ser un valor alto. Asimismo tal número se sitúa dentro de los niveles históricos más bajos de nuestro país, solo habiendo sido superado en 2001, cuando los inmigrantes representaban el 4,2% de la población.
Centrándonos específicamente en la población proveniente de países limítrofes, esta representa el 2,1% del total. Lógicamente esta cifra no contempla a la comunidad peruana. Sin embargo es de las poblaciones más caudalosas y generalmente comparte el podio de críticas discriminadoras y racistas junto con las personas oriundas de Paraguay y Bolivia. En este sentido, integrando a los peruanos/as al análisis (aunque solamente con datos censales de 2001 y 2010) el porcentaje asciende a 3,5%.
1) No hay demasiada variación en términos de la relación
inmigrantes/población argentina.
2) Sí hubo una variación en cuanto a la composición de los
grupos migrantes. Mientras que la Argentina tuvo un crecimiento demográfico
entre 2001 y 2010 del orden del 10,64%, la población inmigrante desde países
limítrofes lo hizo a un 34,86%. Contando también los de nacionalidad peruana,
la cifra trepa al 38%,67. Con lo cual, la población proveniente de países
limítrofes se incrementó a un ritmo más de tres veces superior al crecimiento
demográfico argentino.
Inmigración y delito
Inmigración y delito
Hasta acá solamente hemos visto algunos datos concretos pero
muy generales acerca de la inmigración, aunque nada indica que existan lazos necesarios
entre estos grupos y el delito.
En principio, es preciso destacar que en Argentina la
población inmigrante que se encuentra detenida es muy muy pequeña: 4307 de casi
1,8 y 2 millones de inmigrantes, es decir, cerca del 0,24% del total. El sistema
carcelario se divide entre el Sistema Penitenciario Federal (SPF) y las
penitenciarías jurisdiccionales o provinciales.
Según el Informe Nacional y Provincial del Sistema Nacional de Estadísticas sobre ejecución de la pena (SNEEP), para el año 2015 el SPF albergaba 10.274 personas, mientras que la suma de todas las provincias era de 62.419, lo que arroja un total de 72.693 de detenidos en Argentina. Por lo tanto el SPF representa tan solo el 14,13% del total de presos en el país, mientras que las provincias sustentan el 85,87% restante. Es por eso que muchos especialistas – entre ellos Amaya y desde CELS- criticaron las declaraciones engañosas de la ministra de seguridad, cuando en una entrevista radial puso especial énfasis al afirmar que se pasó “del 6% de presos en todo el país, de presos que robaron o asesinaron o cometieron el robo del celular o una bicicleta al 33%. Quiere decir que la concentración de extranjeros que cometen delitos de narcotráfico es la preocupación que tiene nuestro país y ahí es donde queremos apuntar”.
Cuando Bulrrich plantea esa cifra se enfocó solamente en aquellos detenidos que permanecen en cárceles del Sistema Penitenciario Federal. “Es el 33 por ciento si se mira el narcotráfico solo en el Servicio Penitenciario Federal, que representa solo el 15 por ciento del total de detenidos del país. Si se ve la misma imagen global de donde saca el 6 por ciento, es un 17. Ya estamos en la mitad”, explican Diego Morales y Manuel Trufo (CELS) en la entrevista realizada por Victoria Ginzberg publicada en Página12 el domingo.
En números limpios, el 17,5% de los detenidos por ley de drogas
son extranjeros. Sin embargo, además de que es considerado delito federal “…es esperable que en un delito como
narcotráfico haya una mayor representación de extranjeros. Pasa en todo el
mundo, porque es un delito que tiene un componente transfronterizo. Entre 40 y
50 por ciento de los argentinos presos en el extranjero están presos por
narcotráfico”, dicen desde el CELS.
También cabe aclarar que la categoría de “narcotráfico” se encuentran
todas las violaciones a la ley 23.737 (de drogas), es decir, para la estadística Mi Sangre (NdR: conocido narcotraficante
colombiano detenido en Pilar, extraditado luego a Estados Unidos) comparte el
mismo rango con cualquier eslabón inferior de la cadena de tráfico, por ejemplo
un cultivador de marihuana.
Los datos nos permiten dar cuenta de un cierto diagnóstico
y, en consecuencia, sacar algunas conclusiones sobre la medida impulsada
desde el Poder Ejecutivo.
1- Las cifras de inmigrantes que viven en nuestro país no parecen ser alarmantes, sobre todo si se tiene en cuenta los niveles históricos.
1- Las cifras de inmigrantes que viven en nuestro país no parecen ser alarmantes, sobre todo si se tiene en cuenta los niveles históricos.
2- A su vez, los porcentajes de inmigrantes en la totalidad
de la población presidiaria tampoco componen una cifra considerable que amerite
un decreto de necesidad y urgencia sin previa discusión legislativa.
¿Y entonces…?
Claramente el principal objetivo es electoral. Como señalamos al comienzo, entramos en un año decisivo para el gobierno. El frente Cambiemos difícilmente puede mostrar un buen desempeño en la mayor parte de las áreas que motive y renueve expectativas, ya sea para conservar su electorado o para ampliarlo. En este contexto, se apunta a la problemática de la (in) seguridad debido a que es un tema sensible para la opinión pública, además de que se podría estar matando dos pájaros con una misma bala.
Por un lado, cualquier modificación de la ley penal y/o migratoria debe pasar por el Congreso de la Nación donde, nada casualmente, este año se renuevan autoridades. Con lo cual se traslada la solución del problema a la esfera legislativa y se apuesta a obtener un buen resultado que permita hacer efectiva dicha solución. En segunda instancia el candidato que mayor peso le otorga a la cuestión punitiva es Sergio Massa. De este modo, el gobierno acentúa la competencia con el FR con quien comparte una porción del electorado y le quita la iniciativa de un tema central en su agenda.
¿Por qué un DNU?
Lo primero que hay que decir es que el DNU es
inconstitucional por donde se lo mire. Según el artículo 99 de la CN inciso 3 “El Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso
bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter
legislativo. Solamente cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible
seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción
de las leyes, y no se trate de normas que regulen materia penal, tributaria,
electoral o el régimen de los partidos políticos, podrá dictar decretos por
razones de necesidad y urgencia, los que serán decididos en acuerdo general de
ministros que deberán refrendarlos, conjuntamente con el jefe de gabinete de
ministros.”
Vimos que no hay tal situación de necesidad y urgencia y, lo
más importante, es que el PEN no puede emitir un DNU legislando sobre materia
penal. Está claro que el gobierno no desconoce este punto pero busca poner el
tema en agenda por la fuerza, interpelando inevitablemente a los demás sectores
políticos a manifestarse al respecto. De este modo también pretende arrinconar
al kirchnerismo a sabiendas de que seguramente se mantenga en la vereda opuesta
del decreto. La Comisión Bicameral deberá explayarse oportunamente.
Conclusiones
A lo largo de esta columna hemos señalado un breve diagnóstico
de la situación del inmigrante nuestro país y del lugar que ocupa en el sistema
penitenciario. Esbozamos algunas hipótesis acerca del móvil político del
gobierno, y por qué creemos que se eligió un DNU como instrumento para esta clase
de acción.
Por último, aclaramos que no se analizó la medida ya que la motivación de esta columna fue analizar el incentivo político de tal
medida. De todos modos en las fuentes citadas se abordan en detalle los cambios puntuales del decreto.
Resta un apunte al respecto. La decisión de ir contra los grupos
migrantes no es nueva en el PRO. Siendo Jefe de Gobierno en la C.A.B.A. Macri
ha manifestado su animosidad para con los inmigrantes de países limítrofes,
ligándolos con el narcotráfico o con un uso indiscriminado de la salud o la
educación pública “gratis”. Es evidente que hay un estado de opinión en la
ciudadanía acerca de que la inmigración procedente de países como Bolivia,
Paragay y Perú está en constante aumento y, además, se dedica a actividades
ilegales. En el primer caso esa percepción se ancla en datos de la realidad, lo
segundo, no obstante, es rotundamente falso y hasta hipócrita.
Esta semana Poliarquía publicó una encuesta donde afirma que
hasta el 83% de los consultados está a favor de esta clase de medidas. Más allá
de que las propias preguntas al entrevistado sugieren las respuestas - por
ende sus conclusiones son discutibles- muestra a las claras un estado de
opinión que puede acentuarse, aún más si comunicadores y funcionarios las
reproducen como verdades imbatibles (van der Kooy la expuso en su columna de
Clarín bajo el título "el 83% apoya loscontroles migratorios”).
El gobierno surfea constantemente sobre estos datos de
opinión y se interesa por “hacer lo que
la gente dice”. Sin embargo, la estrategia de demagogia punitiva es muy peligrosa, sobre todo si se busca un
chivo expiatorio para los males de la sociedad (desempleo o inseguridad) lo
cual puede conllevar consecuencias nefastas. En general, las manifestaciones
xenófobas y racistas se mantienen latentes hasta que actores con cierta
relevancia política las activan, generalmente en períodos de crisis económica e
inestabilidad social, y luego toman una fuerza difícil de controlar generando
un detestable clima de violencia.
Quien escribe estas líneas está de acuerdo con un control más estricto en
las fronteras. Cualquier persona que ha transitado por un paso fronterizo conoce
muy bien la porosidad de los mismos. Eso no significa bajo ningún punto de vista
establecer un marco prohibitivo que anule las garantías constitucionales de las
que gozan las personas provenientes desde el extranjero, sino aumentar los
niveles de institucionalidad, no solamente para que el estado pueda controlar
esa población, también para poder brindarles soluciones sobre bases confiables e
incrementar su condición de ciudadanos.
Demagogia es desconocer que la justicia ya contaba con herramientas para la expulsión de inmigrantes presos o para prohibir su ingreso al país. Habrá que estar alerta para ver como se implementa la medida ya que, como señala Morales, “esto puede alcanzar situaciones de venta en la vía pública, personas que están en una casa tomada o los que corten una calle. No importa la suerte de esa persona en el proceso penal, el dato que importa es tener algún tipo de imputación”. Hemos visto el accionar represivo de la policía frente al conflicto de los manteros y vendedores ambulantes de Once. El DNU 70/2017 apunta a crear una legalidad que fundamente ese tipo de actos.





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